De las ruinas de Empúries a la memoria convertida en escultura del siglo xxi en Portbou. De Josep Puig i Cadafalch —que en 1908 impulsó las excavaciones de este importante conjunto arqueológico en el municipio de L’Escala— a la escultura-homenaje Passages, obra que Dani Karavan erigió en 1999 en el municipio fronterizo de Portbou para dar testimonio de la persecución y muerte en dicha población, en septiembre de 1940, del pensador judeoalemán Walter Benjamin. Del Esculapio de Empúries o Asclepio a esta escultura-memorial, entendida como una instalación-arquitectura sin fronteras. Durante más de cien años, la Costa Brava, desde Blanes hasta Cadaqués —como dice la famosa canción del grupo musical Sopa de Cabra, pese a no incluir Colera ni Portbou— ha sido una encrucijada del arte en el Mediterráneo. Referencia histórica ya en la época del rey Jaime I, durante el siglo xx se convirtió en referencia clave de la historia del arte mundial, gracias, en gran parte, a dos columnas vertebrales: Cadaqués y Tossa de Mar. Entrado el siglo xxi, adquiere un nuevo impulso para reubicarse en un mapa en el que la cultura constituye un eje básico para el desarrollo y la excelencia de los territorios.
Señalar cuáles han sido los personajes más emblemáticos de la Costa Brava a lo largo de estos cien años no es tarea fácil, pese a que nombres como Marc Chagall, Salvador Dalí, Marcel Duchamp y Dani Karavan-Walter Benjamin destacan como algunas de las referencias más importantes que, a la vez, han exportado el nombre de la zona a todo el mundo. Paralelamente, tal vez esto no habría sido posible si a través de los siglos, hasta llegar a nuestros días, la vida artística e intelectual de estos parajes, de estas poblaciones junto al mar, no hubiera disfrutado, en mayor o menor medida, de un gran dinamismo.
También Picasso, Sert o Kitaj dejaron su impronta en esta geografía. Todos ellos estuvieron presentes antes de la llegada del turismo y del «ladrillo fácil», iniciativas que incluso llegaron a promover. Kitaj entabló una fuerte amistad con Josep Vicent Roma, director de una fábrica de corcho y alcalde socialista tras el franquismo. Según él mismo recordó en una entrevista publicada en la revista bonart: «Introduje a este artista norteamericano en la realidad peninsular de entonces y en el catalanismo. La impronta que todo ello dejó en la conciencia de Kitaj fue profunda. Porque la Costa Brava no sólo ha sido sol, playa y rocas, sino construcción de una nueva realidad multicultural, al margen de una identidad de país y de cultura ancestral, que se conjuga con los avances del presente, mirando hacia el futuro». La reciente selección en la Documenta de Kassel —acontecimiento artístico de referencia a escala internacional— de Ferran Adrià, cocinero a caballo del hecho artístico que trabaja desde Roses, prefigura una buena unión con el futuro y afianza la fusión de campos como la gastronomía y el arte: una simbiosis que Adrià ha implantado, motivado por el entusiasmo que sus amigos artistas que acudían a verle desde Cadaqués le infundían y en los que hallaba un refugio artístico.
Ahora bien, la Costa Brava —lugar en ocasiones ignoto y wagneriano– no sólo ha vivido de los artistas, sino también de su mecenazgo y del papel que en los últimos años han desempeñado algunos empresarios, como Antoni Vila Casas. El mecenas barcelonés ha depositado su colección de fotografía contemporánea, tanto nacional como internacional, en el magnífico edificio medieval del palacio Solterra, en Torroella de Montgrí. Simultáneamente, en Can Mario de Palafrugell, edificio industrial de principios del siglo xx, se exhiben los fondos de escultura catalana contemporánea. Se trata, en ambos casos, de colecciones de nivel en Cataluña y en la Península.
Por otro lado, también hay que mencionar la futura instalación de la colección de pintura catalana de la baronesa Carmen Thyssen en la antigua fábrica Serra Vicens de Sant Feliu de Guíxols. Tanto el proyecto de restauración como el arquitectónico ya se han presentado e iniciado. Ésta es una de las iniciativas más ambiciosas de los últimos tiempos, que, gracias a lo que simboliza la colección de esta mecenas, vinculada familiarmente con la población de Sant Feliu de Guíxols, disfruta de un enorme potencial. Asimismo, al rico patrimonio de la Costa Brava, desde la antigüedad hasta nuestros días, debe añadirse el Centro de Estudios Walter Benjamin, en Portbou, para el que el arquitecto Norman Foster ya realizó un anteproyecto. [...]
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