Autor: Josep Castelló.
La Costa Brava ha sido fuente de inspiración de obras musicales memorables y ha visto nacer a músicos de un gran prestigio, como Juli Garreta. Ha sido también escenario de multitud de conciertos, como los del Festival de Música de S’Agaró, puesto en marcha a principios de los setenta por el propietario del Hostal de La Gavina, Josep Ensesa.
Con la llegada de la democracia, en muchas poblaciones de la Costa Brava se consolidaron diversos festivales de música que se celebraban en la época estival. Centrados en el género clásico, cabe destacar el Festival de Música de Calonge y de la Schubertíada de Vilabertran. Con un abanico musical más variado, sobresalen el Festival Castillo de Peralada, el Festival Internacional de la Porta Ferrada de Sant Feliu de Guíxols (considerado el más antiguo), el Festival Jardines de Cap Roig (en Calella de Palafrugell/Mont-ras), el Festival de Músicas de Torroella de Montgrí y el Festival Internacional de Música de Cadaqués, con una orquesta propia. Hay también otros dedicados a géneros diversos (se puede consultar la lista en el portal turístico del Patronato). El concierto que, año tras año, reúne a más público es, sin duda, el Recital de Habaneras de Calella de Palafrugell, que en cada edición suele congregar a una media de 30 000 espectadores.
Existen dos formaciones musicales que llevan el nombre de la Costa Brava: la Cobla-Orquestra Internacional Costa Brava, de Palafrugell, y la banda de pop zaragozana La Costa Brava.
Ópera
«Costas las de Levante, playas las de Lloret...», dice el pasaje más popular de la ópera Marina, cuyo primer acto comienza, precisamente, con una estampa de la playa de Lloret de Mar a la luz del alba. Los pescadores cantan mientas Marina espera el regreso de Jorge, un joven capitán de barco del que está secretamente enamorada y que, a su vez, también ama en silencio a Marina...
En sus orígenes, Marina era una zarzuela de dos actos escrita por el compositor Francesc Camprodon, natural de Ripoll, que veraneaba en Blanes y que en la obra trataba sobre Lloret. La pieza, que se estrenó en Madrid el 21 de septiembre de 1855, no fue demasiado bien recibida por la crítica del momento. A petición del tenor Enrico Tamberlick, el compositor Emilio Arrieta la transformó en una ópera de tres actos y, siguiendo el modelo donizettiano, le añadió tres dúos y un rondó final. Como en aquel momento Camprodon había fallecido ya, Arrieta le encargó la revisión del texto a Miguel Ramos Carrión, que respetó bastante el trabajo de su predecesor.
Como ópera, Marina se estrenó en el Teatro Real (denominado entonces Gran Teatro Nacional de la Ópera) el 16 de marzo de 1871, con la participación del propio Tamberlick y con un notable éxito que muy pronto la catapultó a los circuitos internacionales del género.
Poema sinfónico
Juli Garreta (Sant Feliu de Guíxols, 1875- Sant Feliu de Guíxols 1925) dedicó una obra sinfónica a las islas Medes. De muy pequeño, Garreta aprendió las primeras nociones musicales a través de su padre y del pianista Ramon Novi, natural de la misma localidad. Este músico autodidacta y relojero de oficio creó alrededor de un centenar de sardanas y un buen número de obras mayores, algunas de las cuales generaron polémica por su carácter vanguardista. Ganó diversos concursos y despertó la admiración de Pau Casals e Igor Stravinsky, quien en 1924, al escuchar la sardana Juny en un concierto de música para cobla, pidió en voz alta: «Más Garreta, por favor, más Garreta...».
Habaneras
A ritmo de dos por cuatro, las habaneras llegaron a la Costa Brava con los denominados indianos, emigrantes que volvían de América tras haber hecho fortuna, y, posteriormente, con los soldados que regresaban de combatir en la Guerra de Cuba. Por su contexto histórico, casi todas las habaneras del siglo xix tenían letras en castellano y hablaban con nostalgia de las mulatas queridas o de los paisajes añorados. Una de las habaneras más famosas, La gavina (originalmente La gaviota), escrita en 1928 por Frederic Sirés, surgió de una vivencia personal del autor después de un viaje a la isla caribeña. Hacia finales de los años sesenta del pasado siglo, cuando las habaneras se volvieron a poner de moda en Cataluña, se crearon piezas nuevas inspiradas por el paisaje de la Costa Brava.
En 1968, sentado al piano del restaurante El Xivarri, de Palamós, Josep-Lluís Ortega Monasterio, militar de oficio, compuso El meu avi inspirándose en las vivencias de su abuelo materno, que había participado en la Guerra de Cuba a bordo del barco Montserrat (conocido como El Catalán), y en una historia del abuelo del propietario del restaurante (Pitu Vergonyós), natural de Calella. Esta combinación, llena de nostalgia y con un final apoteósico que permitía exclamar «Visca Catalunya, visca El Català», provocó un fuerte impacto. El conjunto Els Barrufets estrenó esta canción en 1971, en el Recital de Habaneras de Calella de Palafrugell. Pronto la pieza sería grabada en disco por los grupos Alba, de La Bisbal, y Els Pescadors de l’Escala. A día de hoy, se han editado docenas de versiones de esta conocida habanera.
Otro compositor inolvidable es el bisbalense Ramon Carreras, que después del exitoso Llop de mar se volvería a lucir con un homenaje a una playa de ensueño: Cala Montgó («Cala Montgó, rincón de paz y de luz, cala Montgó, rincón de paz y perfume, rincón del más bello encanto, cala Montgó, un trocito de paraíso»). Cabe mencionar también a uno de los fundadores del grupo Peix Fregit, Josep Bastons, quien, en colaboración con la poetisa Narcisa Oliver, emocionó con Mariner de terra endins y Tamariu («Cuando nace el sol en Tamariu, del iris va tomando los colores, la gaviota deja su nido y la mimosa abre sus flores...»). De carácter totalmente diferente es Al pirata Joan Torrellas, de Carles Casanovas, miembro del grupo Port Bo, quien se basó en historias truculentas de un personaje que practicó la piratería por el Mediterráneo durante el siglo xvi.
Se han dado también casos de grabaciones que, sin incluir temas dedicados a puntos geográficos concretos, añadían el nombre «Costa Brava» a las carátulas de los discos como reclamo identificativo. Como muestra, un single del año 1962 que la casa Zafiro presentó bajo el nombre de Conjunto Típico de la Costa Brava. En realidad eran miembros de la Orquestra Maravella dirigidos por Lluís Ferrer y con la voz solista del Noi de Palafrugell (Lluís Heras). Más tarde, en 1967, Francisco Granés, tenor de Sant Feliu de Guíxols, grabó un sencillo de habaneras que podía presumir de incluir en la contracubierta la colaboración de Josep Pla. Tanto el disco del Conjunto Típico como el de Francisco Granés mostraban idéntica cabecera: Habaneras de la Costa Brava.
Sardanas
La sardana es, indiscutiblemente, el género musical que más piezas ha dedicado a la Costa Brava. En el año 1908, el poeta Joan Maragall escribió una letra dedicada a toda una comarca, un territorio situado entre los Pirineos, simbolizados por el pastor de la montaña, y la costa, representada por la sirena. A continuación, el compositor Enric Morera le puso música. De este modo nació la sardana L’Empordà.
La visión de La roca del Cargol desde una pineda del Pedró de L’Escala inspiró a Josep Vicens, l’avi Xaixu, para rendirle un gran homenaje. De la misma forma, Santiago Bañeras compuso A Palamós fan pipes tras los ventanales del Casino El Port de Palamós. Ricard Viladesau convirtió un tramo costero agitado de Aigua Xelida en una pieza vertiginosa de notas enrevesadas y de difícil ejecución: Sa Roncadora. Desde su Torroella natal, Vicenç Bou, con la sencillez que le caracterizaba, maravilló con De Sant Feliu a s’Agaró, Torroella vila vella y otras composiciones. Y podríamos continuar la lista con el Cap de Creus de rocas agrietadas y modeladas por el viento que cautivó a Rafael Cabrisas. De espaldas al mar, dominando la llanura del Empordà, Jaume Bonaterra escribió Sota el Mas Ventós. Francesc Mas Ros compuso Tossa bonica. Josep Albertí escribió Blanes festiu. La lista completa de sardanas que evocan algún rincón de la Costa Brava sería larguísima.
Valses
Josep Pujol, Llibori, es autor del vals marinero Vell pescador, un clásico de los recitales a la orilla del mar: «El mar es bueno, el mar es azul, el mar es calma y es temporal». Cuando el boom de las habaneras parecía haber tocado techo, Llibori se embarcó en el grupo Quercus para navegar por el océano del rock. En 1993 la formación editó el disco L’última havanera, encabezado por la canción que le daba nombre, una pieza muy transgresora; la obra, fusionando los dos géneros, echaba por tierra los mitos de la Costa Brava, entre ellos, evidentemente, el universo de los polos de rayas horizontales y las gorras marineras. Superado el pequeño terremoto que se originó, Llibori, en compañía de su hija, volvió a la Colla Jacomet de Sant Feliu y a las canciones marineras, como si nada hubiera pasado.
Otra composición a ritmo de vals se ha convertido en un auténtico himno de plegaria para todos los pescadores de la costa: L’oració del pescador, una creación de Carles Casanovas, compositor y líder del grupo Port Bo. La pieza, de una gran fuerza emocional, nos habla de la angustia de los hombres del mar y de sus familiares cuando se ven obligados a salir a faenar en días de temporal. Presente a menudo en oficios religiosos, esta Oración es interpretada no sólo por grupos de habaneras, sino también por numerosas corales de la comarca.
Canción de autor
Cuando en agosto del año 1971, un joven cantautor del Poble Sec se alojó en el hotel Can Batlle de Calella de Palafrugell, nadie podía imaginarse que algo grande se estaba fraguando. A caballo entre Calella y Begur, aquel chico, que no era otro que Joan Manuel Serrat, hacía tiempo que frecuentaba la Costa Brava; quizá fueran aquellos atardeceres de tonos morados bajo los soportales o quizá el alba quieta y mansa al despertar. El caso es que el cantautor buscaba la inspiración trabajando sin cesar. Y mencionamos la palabra ‘trabajo’ porque él mismo siempre ha recalcado que la inspiración sin el trabajo no sirve de nada. De esta forma nació una reliquia musical que acabaría haciendo historia. En un principio quería titularla Amo al mar o Hijo del Mediterráneo, pero finalmente se decantó por un nombre más corto: Mediterráneo.
Una de las canciones más conocidas de Lluís Llach es Vinyes verdes vora el mar, sobre un poema de Josep Maria de Sagarra. Englobados en Cançons de rem i de vela (1923), estos versos forman parte de una recopilación de poemas inspirados en el paisaje de El Port de la Selva.
Pocos años después, en otro paraje incomparable, se alzaba una voz al viento para defender un sector entonces fuertemente amenazado: los Aiguamolls de l’Empordà, una amplia zona húmeda perteneciente a los términos de Castelló d’Empúries y Sant Pere Pescador y objetivo en aquel entonces de especuladores que pretendían alargar aún más la sombra monstruosa de los rascacielos de Empuriabrava.
Como punto de partida, se contaba con los sólidos cimientos que había asentado la escritora Maria Àngels Anglada a través de una poesía comprometida con la preservación de este espacio natural. Recordemos que su pasión por el país la había llevado a escribir la novela Les closes, ambientada en este lugar y ganadora del Premio Josep Pla de 1978. Para complementar la obra, la parte musical se le encargaría a otro enamorado de la zona: el cantautor Josep Tero. De esta colaboración nació la canción Aiguamolls, dentro del disco Raval.
A lo largo de su carrera, Josep Tero se ha caracterizado por haber creado siempre temas relativos al país, como Pirene, Quan dic l’Escala, dedicado a su pueblo natal y a la memoria de su padre, y Cançó de la sal, sobre un elemento vital que en épocas pasadas fue elemento de supervivencia en L’Escala y que actualmente se conmemora con una fiesta anual en la playa.
Hablando de amor al país, debemos mencionar también al cantautor de Sant Feliu de Guíxols Josep Andújar, Sé. Con unas letras tremendamente emotivas, este artista especializado en los cantos de taberna se sincera en sus cuatro discos. En su producción, integrada fundamentalmente por valses, habaneras y algún pasodoble, suelen aparecer, de la mano, los temas del amor y el mar. Además, desde la triste historia de una joven que sufrió un accidente en la curva de Les Planetes (La noia cega) hasta el homenaje a su padre con Pare Joan (1995), pasando por la visión observadora de Festa major, Sant Feliu está siempre presente. Si algún día se le pasara por la cabeza marcharse lejos, el autor ya tiene previsto lo que se llevará: «La maleta llena de recuerdos con aromas de la Costa Brava, por si me viene la nostalgia de golpe, y una foto de mi madre» (Me’n vaig a l’Havana).
Pasodobles
En 1968, en una reunión del gobernador civil de Girona con el delegado de Información y Turismo para buscar fórmulas para la promoción de la Costa Brava, quien sería, durante muchos años, secretario de Salvador Dalí, Enrique Sabater, tuvo la idea de crear una pieza musical que fuera como una especie de himno alegre del litoral y que se encargó a un gran intérprete de arpa, Digno García, que en aquel entonces actuaba acompañado de sus Carios. «Bajo un sol maravilloso y un frondoso verde pinar, muy luciente y atractiva, Costa Brava sin igual. Sol y mar, verde pinar. Costa Brava catalana», rezaba esta canción.
Sin apartarnos en absoluto de las canciones comerciales de verano, debemos referirnos a Lleó Segarra, que en 1969 publicó el LP Vacaciones en la Costa Brava.
Curiosamente, desde Francia, durante la misma década, la prestigiosa formación Les Compagnons de la Chanson proponía un ritmo de pasodoble escrito por Charles Aznavour y Françoise Dorin. La obra llevaba por título La Costa Brava.
Un caso especial es el de Esteban de Balt (Esteban Baltrons), cantante de Blanes y propietario del local Los Tarantos, que en 1989 publicó el disco Bienvenidos en la Costa Brava (sic).
Rock
Otro joven que también debía de sufrir algún tipo de desencanto y trataba de olvidarlo por una vía equivocada es el protagonista del tema L’Empordà, una canción del grupo gerundense de rock Sopa de Cabra que en 1989 alcanzó un éxito muy importante. El tema hablaba del sufrimiento de un tal Siset, personaje nacido entre Blanes y Cadaqués y «tocado por la tramontana» que, por culpa de su adicción al alcohol, siempre decía que se quitaría la vida.
Había otros que consideraban que vivir en el Mediterráneo era todo un privilegio y así lo recalcaron en una composición. Nos referimos al grupo Los Rebeldes, que en 1988 consiguieron un éxito de verano con Mediterráneo: «Desde L’Escala hasta Playa San Juan, en Cadaqués, en Sitges, playa libertad / seremos los elegidos en el templo de Dios... Mediterráneo / ruta de calor / Mediterráneo / al templo del sol...».
Dentro del denominado rock independiente, cabe citar al grupo americano Ted Leo and The Pharmacists. La formación participó en el Festival de Sant Feliu de Guíxols y, posteriormente, en el Primavera Sound de Barcelona, y como muestra de agradecimiento por la buena acogida que le dispensó el público local incluyó el tema La Costa Brava en un doble LP titulado Living with the living.
Chill-out y new age
Dado que a menudo la frontera que separa el chill out y el new age resulta difícil de delimitar, hemos reagrupado las dos tendencias para definir, en general, una línea de melodías suaves, casi siempre instrumentales o acompañadas de voces etéreas, que evocan la naturaleza y transportan al oyente hacia sensaciones de armonía y paz interior.
Del álbum recopilatorio Hidrogen. Espais naturals de Catalunya (impulsado por el programa homónimo emitido en el Canal 33), de 1998, queremos destacar aquí el tema Cap de Creus, escrito por el músico de Arbúcies David Salvans.
En aquel mismo 1998, la prestigiosa formación británica Acoustic Alchemy publicó el LP Positive thinkings, con un tema dedicado a Cadaqués. Creada por el dueto Nick Webb-Greg Carmichael, a lo largo de su carrera la banda ha ido combinando sonidos que claramente corresponden al jazz acústico con otros de tonalidades new age.
Desde Cadaqués, desafiando la tramontana, podríamos zarpar hacia el puerto de Roses para descubrir un envolvente y elegante disco de chill-out: Northern wind, es decir, «Viento del norte», el primer álbum del dúo Almadrava. Sus autores, Patricia Leidig y Pedro Toro, iniciaron con él una prometedora aventura musical para la cual adoptaron el nombre de la bonita cala de Canyelles Grosses (Roses), conocida también como L’Almadrava por haberse practicado allí en épocas pasadas este sistema de pesca con red.
La carta de presentación, recordando una experiencia personal vivida por la pareja un día de verano, encarados con los brazos extendidos y las camisas al viento en un mirador del camino que sube a Sant Pere de Roda, apuntaba: «El viento del norte, la tramontana, se convierte en un sentimiento omnipresente en las composiciones del grupo».
Siempre siguiendo el trazado de media luna del golfo de Roses, nos detenemos en el bonito paraje de Sant Martí d’Empúries para visitar a Joan Malé, conocido artísticamente como Monoceros, un creador experimental que se ha dedicado a captar sonidos directamente en parajes que lo motivan. Así, podemos avanzar que la lluvia que se oye en The rain song ha sido grabada en su casa, o que Escape from gravity se inicia con el sonido de unos pájaros y de una avioneta que pasa en dirección al aeródromo de Empuriabrava y viene a ser un homenaje a las ansias de volar que tiene el hombre.
Ya en el Baix Empordà, aterrizamos en Palafrugell para descubrir un trabajo presentado en el año 2001 que simboliza perfectamente lo que significa crear un CD pensando específicamente en la tierra donde se ha nacido. El músico Xavier Juanals hace estallar en todo su esplendor la esencia paisajística ampurdanesa, impregnada, como no podía ser de otra forma, de vivencias personales propias. Desde el repaso a los vestigios que nos han quedado de las acciones piratas en el mar, en Torres de defensa, hasta la recreación de la atmósfera precisa de aislamiento del fondo submarino en Curculla, pasando por la emotiva y nostálgica Una tarda a la platja de Castell, su trabajo destila, sobre todo, serenidad y tranquilidad.
Y para concluir este apartado, queremos citar a un grupo de procedencia muy lejana pero que, curiosamente, hace referencia a nuestra geografía en un disco. Hablamos de la formación canadiense Béla Fleck & The Flecktones, liderada por Béla Fleck, todo un virtuoso del banjo. A lo largo de su carrera, este músico ha actuado, como solista, junto a intérpretes de la talla de Chick Corea o Stanley Clark, y ha acumulado un gran número de premios, incluidos Grammys.Jazz
Jimmy Rena y su trío grabaron un single que incluía In a little Spanish town (Mabel Wayne-Lewis-Young), inspirada en Calella de Palafrugell, donde el músico regentó durante muchos años el local de jazz La Guitarra, por el que pasaron grupos emblemáticos del género, como La Locomotora Negra.
Rumba
Los Manolos, que ya se había hecho famoso por las versiones rumberas de El meu avi y Amigos para siempre, sacó una pieza crítica con la contaminación que sufrían algunas playas cercanas a Barcelona: «En la playa del Prat, yo no me puedo bañar, tendré que ir a Begur, que tiene bandera azul», decía la letra. La canción se titulaba Hace tanta calor.
Flamenco jazz
El latin flamenco jazz también ha tenido un recuerdo para la Costa Brava. Armik, un ciudadano armenio de origen iraní, incluyó Costa Brava en el disco Rosas del amor.

